14º Domingo después de Trinidad
“Los hijos e hijas de Dios”
“A Pablo, Silvano y Timoteo,
A la iglesia de los tesalonicenses que está en Dios el Padre y en el Señor Jesucristo: Gracia y paz a ustedes.
Siempre damos gracias a Dios por todos ustedes cuando los mencionamos en nuestras oraciones. Los recordamos constantemente delante de nuestro Dios y Padre a causa de la obra realizada por su fe, el trabajo motivado por su amor, y la constancia sostenida por su esperanza en nuestro Señor Jesucristo.
Hermanos amados de Dios, sabemos que él los ha escogido, porque nuestro evangelio les llegó no sólo con palabras sino también con poder, es decir, con el Espíritu Santo y con profunda convicción. Como bien saben, estuvimos entre ustedes buscando su bien. Ustedes se hicieron imitadores nuestros y del Señor cuando, a pesar de mucho sufrimiento, recibieron el mensaje con la alegría que infunde el Espíritu Santo. De esta manera se constituyeron en ejemplo para todos los creyentes de Macedonia y de Acaya. Partiendo de ustedes, el mensaje del Señor se ha proclamado no sólo en Macedonia y en Acaya sino en todo lugar; a tal punto se ha divulgado su fe en Dios que ya no es necesario que nosotros digamos nada. Ellos mismos cuentan de lo bien que ustedes nos recibieron, y de cómo se convirtieron a Dios dejando los ídolos para servir al Dios vivo y verdadero, y esperar del cielo a Jesús, su Hijo a quien resucitó, que nos libra del castigo venidero.
1 Tesalonicenses 1:2-10
Salmo: 146
A.T.: Gn 28:10-19
Evangelio: Lc 17:11-19
A las tareas más importantes de un cristiano le corresponde la oración. La Biblia nos da indicaciones y buenos ejemplos de ello. Del apóstol Pablo no sólo sabemos de su actividad como apóstol y misionero, sino también como persona de oración. Ya en este párrafo de la primera carta a los Tesalonicenses que, recién hemos escuchado hay mucho contenido sobre la oración de la que podemos y debemos tomar como ejemplo. En primer lugar vemos como Pablo habla con Dios, en segundo lugar, como Pablo habla con Dios sobre los otros, en tercer lugar, como Pablo como Pablo habla con Dios sobre otros con junto a otros y en cuarto lugar, como Pablo les hace saber a los otros que él habla con Dios y junto a otros sobre ellos.
En primer lugar: Pablo habla con Dios. El al principio agradece: Damos siempre gracias a Dios Y ora “sin cesar” como él escribe. Al final de la carta lo expresa a los tesalonicenses y a todos los cristianos: “oren sin cesar” Esto significa: a menudo y regularmente. Por medio de Jesucristo estamos unidos a Dios, ¿pero que sería para una comunidad sino se dirigiera a Dios en oración? Podría alguien afirmar que ama a Dios y que tiene confianza en él, cuando él apenas puede hablar con él. Por eso queridos hermanos, oren también ustedes sin cesar!. Tómense el tiempo cada día para ello, resérvense para que luego no les falte el tiempo por otras actividades!. Pues como se dice: La oración pertenece a las tareas más importantes de todo cristiano. Y comiencen agradeciendo –pues sino puede suceder que, Dios otorgue lo que le pedimos por tantas quejas y lamentos y luego pensemos que fue la mera casualidad y no mérito de Dios.
En segundo lugar: Pablo habla con Dios sobre otros. El los “recuerda”, así escribe. “Pienso en ustedes”, le dice un cristiano a otro, cuando piensa: “Oro por ti”. Y esta intercesión incluye el agradecimiento. La congregación en Tesalónica, hasta aquel momento era bastante nueva, quizás tenía uno o dos años. Pablo agradece que, el Espíritu Santo abrió allí los corazones de la gente. El agradece por los muchos que, se han hecho bautizar y creyeron en el Señor Jesucristo. El agradece que la congregación a pesar de tantas dificultades está feliz y con ánimo de seguir transitando el camino siguiendo a Jesús. ¿Acompañas tu también a tu congregación con tu oración? ¿Escucha el Señor también oraciones de gratitud de tu parte? – por tu iglesia, por los jóvenes y los ancianos, por los miembros de la comisión directiva, por tu pastor y por todos los demás? ¿Y oras con dedicación por ellos? ¿Te acuerdas de tus hermanos y hermanas en la fe y también de las otras personas que te aprecian? Hazlo sin cesar – como el apóstol Pablo!
En tercer lugar: Pablo habla con Dios sobre otros junto a otros. Pablo habla en su frase sobre la vida de oración en plural. El escribe: “Agradecemos”, “Nos acordamos de ustedes en nuestra oración”. Cuando el habla con “nosotros”, se nos ocurre: “Pablo y Silvano y Timoteo”, los que aparecen como remitentes. Silvano no es otro que Silas quien junto con Timoteo acompañó a Pablo en su segundo viaje misionero. En este viaje misionero se funda la comunidad de Tesalónica y al final de este viaje misionero Pablo escribe desde Corinto la primera carta a los Tesalonicenses. Pablo informa aquí también sobre el trabajo de la oración en el círculo de colaboradores de su equipo de misión. La oración en común tiene una promesa especial. Jesús dice: “Además les digo que si dos de ustedes en la tierra se ponen de acuerdo sobre cualquier cosa que pidan, les será concedida por mi Padre que está en el cielo” (Mt 18:19)
Cuando los cristianos oran en común, se podrán acordar de motivos importantes de oración, se podrán fortalecer oración, y podrán sostenerse unos con otros para mantener la oración regular y comunitaria. Y eso tiene vigencia aún en nuestra actualidad. Cuando nos reunimos en la comisión directiva o en reuniones de la congregación, oramos de esa forma. El domingo por la mañana es el gran momento para la oración de la congregación. Y es bueno, cuando los matrimonios cristianos y las familias se toman el tiempo para los devocionales diarios, para la oración diaria. Allí se puede agradecer por las hermosas vacaciones disfrutadas, o por el nuevo televisor, o se puede pedir por la abuela que está enferma o por la búsqueda de trabajo del hijo. Orar juntos con otros es una cosa buena e importante, complementada a la oración bien personal “en tu cuarto”.
En cuarto lugar: Pablo les hace saber a los demás que él habla con Dios sobre ellos junto a otros. Pablo escribe a los tesalonicenses que, él piensa en ellos en la oración y lo comparte por escrito. Esto es bueno así. Qué bueno es, cuando se escucha de otro hermano cristiano: “Estoy orando por ti” Cuando escucho que alguien de mis anteriores congregaciones dicen que oran aún por mí, no sólo que me conmueve sino que es muy importante me consuela muchísimo. Y es por eso que debemos decirle a los demás cuando estamos orando por ellos. Y Pablo da un paso más: él les hace saber a los tesalonicenses qué le dice a Dios sobre ellos. El escribe, pensamos en la oración “porque su fe se acrecienta cada vez más, y en cada uno de ustedes sigue abundando el amor hacia los otros” Con les hace ver lo que es más importante en sucederá en su reciente congregación. Pues él no pedirá nada secundario o sin importancia para ellos sino sólo en lo que más importa. La fe, el amor y la esperanza tiene que reinar entre ustedes y crecer, así como la paciencia y que no sean sólo palabras piadosas, sino también en la obra, en su esfuerzo y en su sacrificio. Los tesalonicenses recuerdan así: La oración del apóstol no debe eximirlos para quedarse en la inactividad cruzados de brazos en las cuestiones de fe, pensando que el apóstol se va a encargar de estos asuntos con sus oraciones. No, tienen que hacer buenas obras con toda seriedad y fervor, hacer misión y ser discípulos y testigos del Señor Jesucristo. Al mismo tiempo tienen que saber, que todo ese esfuerzo sólo va a dar frutos, cuando Dios ponga su bendición y para ello él requiere que se le ore.
Esto, pienso todos los días sobre nuestra iglesia. Podemos tener buenas ideas, podemos trabajar con fervor, podemos comenzar a trabajar aún más duro, inclusive podemos donar más dinero para la obra, pero no vamos a contar con la bendición de Dios, sino oramos. ¿Ansiamos un buen futuro para nuestra iglesia? Comencemos con sinceridad y fervor a orar por ella, de esa forma todo lo que hagamos, sea poco o mucho, dará sus frutos.
Vivamos como cristianos: que sigamos a nuestro Señor con toda seriedad y fervor que expandamos su palabra, sirvamos a su iglesia y a nuestro prójimo, dondequiera necesite de nuestra ayuda. No seamos tibios o estemos cansados, no pensemos que hay otras cosas que son más importantes. No olvidemos la actividad más importante: la oración. Pues sino todo nuestro esfuerzo será en vano. Amén
Enzo Pellini
El 14º Domingo después de Trinidad habla de la fuerza sanadora de Dios. El tema de este Domingo proviene sin embargo de la Epístola. Los otros textos reflejan otra temática. Profundizando la lectura de la epístola se haya una relación con el texto de predicación actual.
Escuchamos en el 14º Domingo después de Trinidad la historia de los diez leprosos (Evangelio). Vemos la fuerza de Dios, hacia las personas consideradas marginales y que a través de Cristo vuelven a la comunidad. La fuerza viva del Espíritu de Dios nos ha transformado en miembros de la comunidad; dentro de ella queremos dar gracias a Dios de que podemos ser hijos e hijas de Dios, y en donde nos cuidamos y nos amamos.




“El Amor de Dios”
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“El seguimiento”
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