3º Domingo después de Trinidad
“La palabra de reconciliación”
“Doy gracias al que me fortalece, Cristo Jesús nuestro Señor, pues me consideró digno de confianza al ponerme a su servicio. Anteriormente, yo era un blasfemo, un perseguidor y un insolente; pero Dios tuvo misericordia de mí porque yo era un incrédulo y actuaba con ignorancia. Pero la gracia de nuestro Señor se derramó sobre mí con abundancia, junto con la fe y el amor que hay en Cristo Jesús.
Este mensaje es digno de crédito y merece ser aceptado por todos: que Cristo Jesús vino al mundo a salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero. Pero precisamente por eso Dios fue misericordioso conmigo, a fin de que en mí, el peor de los pecadores, pudiera Cristo Jesús mostrar su infinita bondad. Así vengo a ser ejemplo para los que, creyendo en él, recibirán la vida eterna. Por tanto, al Rey eterno, inmortal, invisible, al único Dios, sea honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén”.
Epístola: 1 Tim 1:12-17 (Predicación)
El tema de este domingo es la palabra de reconciliación. A veces tenemos un poco de confusión cuando hablamos de estos términos. Hay que actualizar los términos de la Biblia. Cuando hablamos de reconciliación entendemos volver a tener una relación pacífica con alguien. La pregunta en esa mañana podría ser ¿Con quién? ¿Pensamos que la Biblia nos está hablando de reconciliarnos con alguna persona? No, en este caso. Aquí se habla de reconciliarse con Dios. Muchos quizás dirán: pero, ¡Yo con Dios me llevo bien! Quizás sí o quizás no. En esta mañana hemos escuchado también de parte del apóstol la palabra: pecado. Y también debemos actualizarla a nuestro lenguaje actual. Cuando buscamos en el diccionario se nos dice que el pecado es una acción que es mala inmoral o insensato. Eso es lo que la mayoría de la gente entiende bajo pecado. Otra definición quizás más cercana a nosotros sería: una acción que va contra las leyes de la religión. Ninguna de las dos, diría yo es la más acertada para nosotros, según la Biblia. Pecado es simplemente separación de Dios y sucede en cada momento que no obedecemos su Palabra. Algunos no la obedecen porque no la conocen, y por supuesto no la han aceptado. Y otros porque no la aceptan. Y otros como la mayoría de nosotros, la hemos aceptado pero no podemos cabalmente cumplirla. Día tras día, podemos desobedecerla. Y eso nos convierte en pecadores. Dios, nos perdona una y mil veces, tan sólo debemos reconocer nuestros pecados. Pero lo más importante para él no son nuestros pecados sino nuestra intención de aceptarle y de agradarle con todo nuestro corazón. Eso es lo que nos hace salvos.
Te consideras pecador en esta mañana. ¡No te hagas problemas! Todos los somos. Y lo seguiremos siendo, lamentablemente. Lo más importante es que lo sepas. Lo más importante es que te reconcilies con Dios. Que vuelvas a él con humildad. Lo más importante es saber que él te ama y te salvará por tu fe y tu entrega a él, no solamente por tus acciones, pues estas nunca nos podrán justificar.
La pregunta de esta mañana podría ser debo confesar algún pecado a Dios, seguramente que sí. Y ya lo hemos hecho al principio del Culto y tenemos la certeza de que él ya nos perdonó. Y porque nos perdonó nos quiere seguir bendiciendo y por eso venimos a la iglesia. A alabarlo y agradecerle por eso.
Hay algún pecado que como iglesia debamos en esta mañana pedir perdón, seguramente que sí, sólo debemos hacerlo y conscientes también de que éstos existen. Los pecados comunitarios también existen y debemos pedir a Dios como comunidad también por nuestros pecados para que él perdone a la iglesia y también la bendiga, la prospere y la haga crecer.
Cuando Jesús habla que él se alegra por una sola de las 99 ovejas, que él halla, él habla simplemente de aquella que estaba perdida y vuelve al redil. Estar perdido significa ser pecador. Uds. ya lo saben que, pecador no es sólo sinónimo de malo, ¿no es asi?. Pecadora es la oveja perdida, es la oveja que no sabe que estaba perdida, pero está perdida, descarriada.
Pecadora es la persona que está fuera del redil; es decir incapaz de creer en Dios, de vivir para él, de vivir por medio de él. Incapaz de confesarle, incapaz de pertenecer a la congregación, incapaz de depender de él. Hay pecadores que son conscientes que son pecadores, otros no.
También es nuestra tarea como iglesia ser conscientes de esto, de ir tras las ovejas perdidas, de intentar encontrarlas. No importa de dónde o a dónde; nuestro encargo es anunciarles que Dios las invita al redil.
Algunas personas no vendrán, pero muchos otros sí. Ese es el pecado de una iglesia, no saber o no reconocer (o no actuar) que el encargo de Dios para la iglesia es invitar, predicar a Cristo, amar al prójimo, enseñar sobre Cristo y compartir la alabanza a Cristo con otros en un lugar determinado y fijo.
E.P.
Salmo:103:1-5.8-13
Ezequiel 18:1-4.21-24.30-32
Evangelio: Lc 15:1-10
El 3º Domingo después de Trinidad representa en cierta manera la continuación del 2º Domingo después de Trinidad, pues aquí se trata de los brazos abiertos que reciben al que desde tiempo ha sido invitado. Las parábolas de los “pródigos o perdidos” o la parábola de la oveja perdida lo subrayan claramente. Dios quiere que los pecadores se arrepientan, de esto se trata, y no impide que cualquiera pueda llegar a él.
La parábola de la oveja perdida nos muestra en este 3º Domingo después de Trinidad que Dios va precisamente detrás de aquel que se encuentra atrapado por su pecado. Nos alegramos cuando las personas pueden llegar nuevamente a su comunión, especialmente aquellas que se encontraban bastante alejadas y enfriadas. Por medio del amor de Dios que, vale tanto para ellos como para nosotros, somos capaces de encontrarnos amorosamente con ellos.
Date: 20 Junio 2010
Categories: Domingos y Fiestas de la Iglesia




Comentarios recientes