10º Domingo después de Trinidad
“El Señor y su pueblo”
“Cuando se acercaba a Jerusalén, Jesús vio la ciudad y lloró por ella.42 Dijo:
—¡Cómo quisiera que hoy supieras lo que te puede traer paz! Pero eso ahora está oculto a tus ojos.43 Te sobrevendrán días en que tus enemigos levantarán un muro y te rodearán, y te encerrarán por todos lados.44 Te derribarán a ti y a tus hijos dentro de tus murallas. No dejarán ni una piedra sobre otra, porque no reconociste el tiempo en que Dios vino a salvarte.
45 Luego entró en el templo y comenzó a echar de allí a los que estaban vendiendo.46 «Escrito está —les dijo—: “Mi casa será casa de oración” ; pero ustedes la han convertido en “cueva de ladrones” .»
47 Todos los días enseñaba en el templo, y los jefes de los sacerdotes, los maestros de la ley y los dirigentes del pueblo procuraban matarlo.48 Sin embargo, no encontraban la manera de hacerlo, porque todo el pueblo lo escuchaba con gran interés”.
Lucas 19:41-48 (Predicación) Escuche esta lectura en Audio Biblia
Si bien la lectura del presente Domingo proviene de una intención catequética acerca del pueblo de Israel, –resaltándolo como pueblo de nuestros padres en la fe y aquí se expone dramáticamente el alejamiento del pueblo de Israel de su Mesías profetizando su destino– no obstante, y salvando la intratextualidad de la sección, quiere éste también anunciarnos a nosotros todos hoy una concreta Palabra de Jesús.
¿Qué nos puede traer Paz? Tanto a un nivel personal como comunitario, es la escucha, el reconocimiento y la obediencia a Jesucristo. Aún tenemos tiempo para aceptar a ese Jesús que, no es otro que Mesías, Sacerdote, y Rey de los cielos. ¿Hemos nosotros ya reconocido el tiempo en el cual Dios nos ofreció la salvación? Sea este tiempo presente el momento de aceptación de su palabra, en lo individual primero y comunitario.
Salmo: 74:1-21
AT.: Jer 7:1-11 (12-15)
Epístola: Ro 11:25-32
El 10º Domingo después de Trinidad se sitúa aproximadamente en el medio de la época de la Trinidad y por eso tiene un lugar especial. Esto se nota pues se dedica a la relación entre la Iglesia y el pueblo de Israel, un tema que, es de gran significado para la Iglesia cristiana. Las reflexiones al respecto pueden contener alusiones a las persecuciones que el pueblo de Israel ha tenido a lo largo de su historia (y el holocausto y las persecuciones neo-nazis o cualquier atisbo de antisemitismo). Aunque por otro lado no se pueden obviar las diferencias. Y las cuestiones que llevan en la actualidad a ver a un Israel como estado moderno y asumiendo en los últimos tiempos carácter de opresor frente a otros países y religiones.
Por cierto que, también es importante que reconozcamos que nuestras raíces están en el pueblo de Israel, el llamado pueblo de Dios del Antiguo Testamento. El reconocimiento de Pablo que el pueblo de Israel no está condenado (Ro 11:25-31) debe ser la medida para nuestro hablar sobre y con este pueblo.
En el 10º Domingo después de Trinidad la Iglesia piensa especialmente en el pueblo de Israel, y en que, Jesús mismo pertenecía a este pueblo. El sufrimiento que Jesús cargó por su pueblo, porque éste no quiso convertirse no nos da ningún derecho a considerar a Israel como a un pueblo condenado, es más hasta escuchamos de Pablo que por nuestra causa Israel se enceguece, para que seamos bienaventurados, sin embargo también Israel es considerado como pueblo auténtico de Dios.
Himno Nº 82 CC “A Cristo proclamad” Descargue en Cancionero
“Israel es el pueblo de Dios, es la expresión de la comunión de Dios con los hombres, es el pueblo elegido. Este no es un hecho natural o cultural es un hecho sobrenatural”.




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