11º Domingo después de Trinidad
“Los fariseos y publicanos”
“A algunos que, confiando en sí mismos, se creían justos y que despreciaban a los demás, Jesús les contó esta parábola:10 «Dos hombres subieron al templo a orar; uno era fariseo, y el otro, recaudador de impuestos.11 El fariseo se puso a orar consigo mismo: “Oh Dios, te doy gracias porque no soy como otros hombres —ladrones, malhechores, adúlteros— ni mucho menos como ese recaudador de impuestos.12 Ayuno dos veces a la semana y doy la décima parte de todo lo que recibo.” 13 En cambio, el recaudador de impuestos, que se había quedado a cierta distancia, ni siquiera se atrevía a alzar la vista al cielo, sino que se golpeaba el pecho y decía: “¡Oh Dios, ten compasión de mí, que soy pecador!”
14 »Les digo que éste, y no aquél, volvió a su casa justificado ante Dios. Pues todo el que a sí mismo se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.» (NVI)
Lucas 18:9-14 (Predicación) Escuche esta lectura en Audio Biblia
Nos ponemos muy rápido del lado del cobrador de impuestos. Pero la situación es clara: el cobrador de impuestos se conduce por el camino correcto. Su manera de obrar es digna de imitar, sin embargo la manera de obrar del fariseo no es la forma correcta. Este no se vuelve justificado a su casa. El no es ningún ejemplo. Nadie debe orar así. Quien escuche la historia se colocará, del lado del publicano.
Jesús ha puesto de modo muy claro, el camino del cobrador de impuestos como un ejemplo a imitar. Es un buen camino, pero no es siempre fácil de transitar. Muchas veces hay al principio del camino frustración por nuestra propia vida y por las de otras personas. Porque los seres humanos entre sí pueden no ser misericordiosos y comportarse de manera vanidosa. Jesús señala en el ejemplo del cobrador de impuestos, que Dios se comporta de otra manera con las personas. Los despreciados son apreciados. A ellos se les regala y pueden comenzar una vida nueva. Ellos viven alegría y alivio, porque Dios los acepta y aprueba su vida.
Salmo: 113:1-8
A.T.: 1 Sa 17:18-31
Epístola: Ef 2:4-10
El 11º Domingo después de Trinidad dirige nuestra mirada hacia Dios y a su obrar lleno de misericordia. Se ubican así en el Evangelio, los dos caracteres completamente diferenciados: el del fariseo y el del publicano. Los demás textos van más en la dirección del “ser santos por la Gracia” y no por las obras. Nuestra postura frente a la gracia de Dios es decisiva para poder recibirla.
En este 11º Domingo después de Trinidad escucharemos la parábola del fariseo y del publicano y vemos que nuestra fe no es mérito propio, sino sólo Gracia de Dios. Nos alegramos por esta dádiva, pero también reconocemos que somos capaces de obrar en contra de la Voluntad de Dios. Es por eso que, estamos alegres y agradecidos que Dios nos regala siempre la posibilidad de la conversión, y del arrepentimiento diario.
“Es por su amor” 93 (CyF)- Descargue en cancionero
“Quien sea portado por la Gracia de Dios, viajará con equipaje liviano”.




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