17º Domingo después de Trinidad
“La fe que vence”
“Partiendo de allí, Jesús se retiró a la región de Tiro y Sidón. 22 Una mujer cananea de las inmediaciones salió a su encuentro, gritando: —¡Señor, Hijo de David, ten compasión de mí! Mi hija sufre terriblemente por estar endemoniada.
23 Jesús no le respondió palabra. Así que sus discípulos se acercaron a él y le rogaron:
—Despídela, porque viene detrás de nosotros gritando.
24 —No fui enviado sino a las ovejas perdidas del pueblo de Israel —contestó Jesús.
25 La mujer se acercó y, arrodillándose delante de él, le suplicó:
—¡Señor, ayúdame!
26 El le respondió:
—No está bien quitarles el pan a los hijos y echárselo a los perros.
27 —Sí, Señor; pero hasta los perros comen las migajas que caen de la mesa de sus amos.
28 —¡Mujer, qué grande es tu fe! —contestó Jesús—. Que se cumpla lo que quieres.
Y desde ese mismo momento quedó sana su hija.”
Mateo 15:21-28 (Predicación)
La curación
Sólo al comienzo y al final del relato se menciona este tema. La mujer actúa por desesperación ante el hecho de que su hija está endemoniada. Esta descripción de la enfermedad de la hija era habitual en la época. Podía manifestarse como locura o con violentas actitudes de histeria. Pero también en otros casos simplemente llamaban endemoniado al organismo que estaba enfermo por el solo hecho de estarlo. Se entendía que sentirse mal en forma crónica sólo podía deberse a que el cuerpo había sido abordado por una fuerza sobrenatural que lo dominaba y no lo dejaba desarrollarse sanamente. Hoy sabemos que las enfermedades son producidas por desequilibrios naturales (físicos o psicológicos), pero la idea de que el causante del mal y la enfermedad es un elemento que puede ser desterrado del organismo no ha cambiado desde entonces, sea este orgánico o de carácter psíquico. Así la madre clama para que Jesús utilice su poder para erradicar la enfermedad del cuerpo de su hija.
Mientras que temáticamente el desarrollo de la narración deriva hacia el tema del derecho a recibir una bendición de parte de Jesús, al final del pasaje éste resuelve el problema de salud que ella le plantea. La frase que utiliza es “hágase contigo como quieres”. Son muy sugestivas estas palabras de Jesús porque no aluden a la hija sino a la madre. Lo que dicen es que le concede lo que ella desea, es decir, se enfatiza la voluntad de la madre. Jesús ha valorado la pasión con que esta mujer ha reclamado por su hija y la fe que la ha llevado a pedirle a un desconocido perteneciente a otro pueblo y otra fe aquello que la aqueja.
Como elemento para tener en cuenta está el hecho de que en este milagro de curación la enferma está en un segundo plano. De hecho Jesús en ningún momento la nombra ni la llega a conocer. El milagro, una vez más, es motivo para resaltar la fe y la misericordia de Dios.
Pablo Andiñach, EEH
Salmo: 25:8-15
AT: Is 49:1-6
Epístola: Ro 10:9-18
El 17º Domingo después de Trinidad tiene que ver con la fe, y la temática se expresa sobre la fe simple, aquella sin condicionamientos, la que lleva verdaderamente al “éxito”. Se podrán escuchar historias del Evangelio, donde la fe de distintas personas conducirán a milagros. Los textos del Antiguo Testamento hablan casi más de la fe como intervención de Dios en la vida del pueblo de Israel y la vida de Jacob. Los textos de las epístolas hablan sobre la fe en general y muestran cómo llegar a la fe, y de cómo la fe demuestra una idea de comunidad.
En el 17º Domingo después de Trinidad, se escucha casi siempre el Evangelio de la historia de la mujer cananea, cuya fe conmueve a Jesús, si bien ella no pertenecía al pueblo de Israel. Tal fe nos asegura que, Jesús obra también en nuestra vida cambios fundamentales, y es por eso que anunciamos su nombre con agradecimiento.
Himno “Dame Señor la fe” Nº 174 CC
“Yo no intento entender para poder creer, sino que yo creo para entonces poder entender”.
Anselmo de Canterbury




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