19º Domingo después de Trinidad
“La sanidad del cuerpo y del alma”
“Unos días después, cuando Jesús entró de nuevo en Capernaúm, corrió la voz de que estaba en casa.2 Se aglomeraron tantos que ya no quedaba sitio ni siquiera frente a la puerta mientras él les predicaba la palabra.3 Entonces llegaron cuatro hombres que le llevaban un paralítico.4 Como no podían acercarlo a Jesús por causa de la multitud, quitaron parte del techo encima de donde estaba Jesús y, luego de hacer una abertura, bajaron la camilla en la que estaba acostado el paralítico.5 Al ver Jesús la fe de ellos, le dijo al paralítico:
—Hijo, tus pecados quedan perdonados.
6 Estaban sentados allí algunos maestros de la ley, que pensaban:7 «¿Por qué habla éste así? ¡Está blasfemando! ¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios?»
8 En ese mismo instante supo Jesús en su espíritu que esto era lo que estaban pensando.
—¿Por qué razonan así? —les dijo—.9 ¿Qué es más fácil, decirle al paralítico: “Tus pecados son perdonados” , o decirle: “Levántate, toma tu camilla y anda” ?10 Pues para que sepan que el Hijo del hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados —se dirigió entonces al paralítico—:11 A ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa.
12 El se levantó, tomó su camilla en seguida y salió caminando a la vista de todos. Ellos se quedaron asombrados y comenzaron a alabar a Dios.
—Jamás habíamos visto cosa igual —decían.
Marcos 2:1-12 (Predicación)
Salmo: 32:1-11
A.T.:Ex 34:4-10
Epístola: Ef 4:22-32
El 19º Domingo después de Trinidad tiene como tema central la sanidad integral. “Integral” es una expresión de moda, y serviría de ayuda si se puede hacer una conexión con lo que hoy se entiende a partir de los textos de predicación.
La narración de la sanación del paralítico nos aclara en el día de hoy, 19º Domingo después de Trinidad, que el ser humano no comprende sólo el cuerpo que se enferma y luego muere. Cuando Jesús sana, sana siempre toda la persona, para que de esa forma el alma recobre también su salud.
Es decir: la enfermedad nos muestra nuestros límites. Nos hace ser conscientes que no podremos ir con nuestro cuerpo por siempre. Y por último nos prepara para la muerte. La enfermedad puede llegar a ser además algo bueno. Nos ayuda a redirigir nuestras metas y adaptarnos a nuestros propios límites que, han sido puestos por Dios. Nos da la posibilidad de relajarnos y de pensar sólo en lo esencial. Tampoco el alma puede ser portada por siempre. También ella necesita fases de calma, de relax; una vez alguien dijo así: lo que necesitamos es que nuestra alma se meza como los árboles.
Cuando Dios llega a nosotros con su fuerza sanadora, él siempre piensa en ambas cosas nuestro cuerpo y nuestra alma. Por una lado la sanidad que, él nos regala, y su salvación que es completa y no se acaba.
Por eso dice el versículo de la semana que se encuentra en el capítulo 17 del profeta Jeremías: Sáname, Jehová, y quedaré sano; sálvame, y seré salvo, porque tú eres mi alabanza. (Jer 17:14)
Himno Nº 186 CC “Por lo hermoso”
“La enfermedad no es el mal absoluto, por eso la sanidad no es lo más preponderante. El pecado es el mal absoluto y la salvación el absoluto bien. No obstante eso salvación y sanidad van de la mano”.
Reinhard Bohnke




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