7º Domingo después de Trinidad
“A la mesa del Señor”
“Algún tiempo después, Jesús se fue a la otra orilla del mar de Galilea (o de Tiberíades).2 Y mucha gente lo seguía, porque veían las señales milagrosas que hacía en los enfermos.3 Entonces subió Jesús a una colina y se sentó con sus discípulos.4 Faltaba muy poco tiempo para la fiesta judía de la Pascua.
5 Cuando Jesús alzó la vista y vio una gran multitud que venía hacia él, le dijo a Felipe:
—¿Dónde vamos a comprar pan para que coma esta gente?
6 Esto lo dijo sólo para ponerlo a prueba, porque él ya sabía lo que iba a hacer.
7 —Ni con el salario de ocho meses podríamos comprar suficiente pan para darle un pedazo a cada uno —respondió Felipe.
8 Otro de sus discípulos, Andrés, que era hermano de Simón Pedro, le dijo:
9 —Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos pescados, pero ¿qué es esto para tanta gente?
10 —Hagan que se sienten todos —ordenó Jesús.
En ese lugar había mucha hierba. Así que se sentaron, y los varones adultos eran como cinco mil.11 Jesús tomó entonces los panes, dio gracias y distribuyó a los que estaban sentados todo lo que quisieron. Lo mismo hizo con los pescados.
12 Una vez que quedaron satisfechos, dijo a sus discípulos:
—Recojan los pedazos que sobraron, para que no se desperdicie nada.
13 Así lo hicieron, y con los pedazos de los cinco panes de cebada que les sobraron a los que habían comido, llenaron doce canastas.
14 Al ver la señal que Jesús había realizado, la gente comenzó a decir: «En verdad éste es el profeta, el que ha de venir al mundo.»15 Pero Jesús, dándose cuenta de que querían llevárselo a la fuerza y declararlo rey, se retiró de nuevo a la montaña él solo” (NVI).
Juan 6:1-15 Escuche la lectura en Audio Biblia
El texto presente es uno de los milagros más estudiados de los hechos de Jesús. Lo es no por su naturaleza extraña – qué milagro no lo es –, sino justamente por aquello que tiene poco de milagroso: su fuerza simbólica. Aquí están involucrados varios actores. Los discípulos, la multitud hambrienta, el joven con sus panes y pescado, las canastas sobrantes…
Hay varios símbolos que acercan a Jesús al pan. Para empezar nació en Bethlehem (Belén), que significa “casa del pan”. Y se llamó a sí mismo “pan de vida” para contrastar con aquel otro que sólo alimenta temporariamente. Y nos dejó el partir el pan como recuerdo de su cuerpo dado en la cruz. De modo que repartir panes puede devenir en el símbolo de repartirse a sí mismo. Así Jesús al multiplicar los panes está llegando a más personas, se está dando a sí mismo. Puede ser que no entiendan en plenitud o que luego lo traicionen. Pero eso sucede siempre, ¿o acaso nosotros hoy lo entendemos en forma acabada y definitiva?
Podríamos hurgar en las Escrituras en busca del símbolo del pez, el que también está cargado de sentido. Expresiones como “pescadores de hombres”, alimentarse con pescado, etc. recorren los textos. Cuando Felipe le ofrece lo que el muchacho tiene habla de cinco panes y dos pescados, es decir siete piezas, un número que indica plenitud, saciedad y que ahora se daba para que fueran compartidas. Cuando sobran panes llenan doce canastas, otro número con historia en Israel, desde las tribus hasta los apóstoles. Se nos está hablando entonces de algo trascendente. Cuando Jesús es el que alimenta, no tendrás jamás hambre.
Extraído de: Pablo Andiñach, E.E.H.
Salmo: 107:1-9
AT: Ex 16:2-18
Epístola: Hch 2:41-47
El 7º Domingo después de Trinidad introduce el tema de nuestras necesidades corporales, y en ello la acción simbólica de la Santa Cena juega por cierto un rol importante. La obra de Jesús en nuestras vidas nos libera de las necesidades terrenales para que así nos podamos sentir siempre plenos, en tanto tomamos parte del verdadero pan de vida.
Por medio de la narración de la alimentación a los 5000, vemos en el 7º Domingo después de Trinidad de que forma maravillosa se preocupa Dios por nosotros seres humanos por medio de los dones de su creación. Así, podemos contemplar consolados que nuestros prójimos tendrán suficiente para comer y que dependerá también de nuestra propia riqueza, de nuestra propia provisión, porque sabemos que el Señor quiere alimentarnos cuando pasamos necesidades.
“Arriba los corazones” 39 CS (Descargue en mp3)
Dios nos dice: ¡YO soy el Señor! ¡Basta de preocuparte, tú me perteneces! Mi poder se manifiesta también en tu vida.
Ulrich Eggers





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