5º Domingo después de Trinidad
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“El seguimiento”
“Un día estaba Jesús a orillas del lago de Genesaret, y la gente lo apretujaba para escuchar el mensaje de Dios.2 Entonces vio dos barcas que los pescadores habían dejado en la playa mientras lavaban las redes.3 Subió a una de las barcas, que pertenecía a Simón, y le pidió que la alejara un poco de la orilla. Luego se sentó, y enseñaba a la gente desde la barca.
4 Cuando acabó de hablar, le dijo a Simón:
—Lleva la barca hacia aguas más profundas, y echen allí las redes para pescar.
5 —Maestro, hemos estado trabajando duro toda la noche y no hemos pescado nada —le contestó Simón—. Pero como tú me lo mandas, echaré las redes.
6 Así lo hicieron, y recogieron una cantidad tan grande de peces que las redes se les rompían.7 Entonces llamaron por señas a sus compañeros de la otra barca para que los ayudaran. Ellos se acercaron y llenaron tanto las dos barcas que comenzaron a hundirse.
8 Al ver esto, Simón Pedro cayó de rodillas delante de Jesús y le dijo:
—¡Apártate de mí, Señor; soy un pecador!
9 Es que él y todos sus compañeros estaban asombrados ante la pesca que habían hecho,10 como también lo estaban Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, que eran socios de Simón.
—No temas; desde ahora serás pescador de hombres —le dijo Jesús a Simón.
11 Así que llevaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, siguieron a Jesús.
Lucas 5:1-11 (Predicación) Escuche en Audio Biblia
¿Cuál es el milagro principal o mayor? O, en otras palabras: ¿dónde colocó Lucas el énfasis fundamental? ¿En la enormidad de pescados, en el llamado, o en la profunda transformación de Pedro?
Si nos detenemos en la transformación de Pedro, podemos constatar que hay varias: el reconocimiento de Jesús como maestro que “sabe más” que el pescador experimentado, el reconocimiento de Jesús como Señor, la confesión de Pedro como hombre pecador, el abandono de todo y el seguimiento, y de esta manera su transformación en apóstol misionero.
Este conjunto de cambios sucesivos indica que todo el relato apunta al llamado y la correspondiente respuesta. Más allá del carácter milagroso de aquella pesca, quizá sumamente interesante para los espectadores a orillas del lago, el objetivo fundamental del relato consiste en presentarnos la vocación al discipulado y la obediencia de aquel puñado de hombres.
La actitud de reconocimiento de Jesús como maestro, Señor y convocador y luego el seguimiento mismo del grupo en torno a Pedro constituyen una invitación a todas y todos nosotros a oír con cuidado el llamado de Jesucristo, a examinar nuestros pareceres y conductas y a dejarnos interpelar por el llamado.
¿Por qué no creer que Jesús nos convierte también a nosotros en pescadores? Ahora bien, ¿cuál es el alcance de esa vocación a ser misioneras y misioneros?
En reacción a la monopolización de la vocación por los monjes y sacerdotes de su tiempo, el reformador Martín Lutero redescubrió la profundidad del término llamado (en alemán, Berufung; de Ruf, llamado); y relacionó el vocablo con toda profesión (en alemán, Beruf), actividad, función, tarea y ocupación, trátese de las llamadas profesiones “espirituales” o de las “seculares”. El zapatero, la cocinera, el pastor, el ama de casa, el agricultor, la empleada, la bibliotecaria, el maestro, el médico, la madre, todas y todos recibieron un llamado de Dios que deben cumplir para bien de todas y todos. Es la vocación para poner en práctica de la mejor manera en su medio concreto las capacidades y los dones otorgados por Dios para beneficio común. Diferentes funciones y tareas, diversos llamados y dones de Dios, pero siempre puestos al servicio de la comunidad entera, y no para la gloria personal.
Con ello, podemos dar el siguiente paso: hoy el Señor nos llama a colaborar con su “pesca para la vida”. Una tarea no de especialistas iluminados o predicadores superexitosos, sino de todas y todos los miembros de la comunidad cristiana, cada cual desde su lugar concreto en la vida.
Es decisivo que vinculemos la puesta en práctica de estos dones y la misión con el reconocimiento de nuestras limitaciones. Pedro fue claro: se reconoció como hombre pecador. Pero Cristo vio más allá de esta confesión: vio las posibilidades latentes en Pedro, y las hizo fructificar. Por cuenta nuestra, no salvaremos a nadie. Somos y seguiremos siendo mendigos y mendigas que vivimos de la gracia de Dios. Aquel milagro de la pesca se transforma hoy en nosotros en un milagro acaso mayor, que consiste en el hecho de que Dios confía en nosotros, llamándonos a colaborar con su obra. No tenemos más ni somos más que otros u otras; sólo recibimos el mandato de anunciarles a Jesucristo en palabras y obras.
Preguntas para la reflexión:
1. El llamado o la vocación de Jesucristo nos llega en medio de las situaciones concretas de nuestra vida. Es decisivo escuchar este llamado. ¿Dónde y cómo lo percibimos hoy?
2. Pedro fue transformado por las palabras y acciones de Jesús, y dio una respuesta positiva al llamado. ¿Cuáles son nuestras respuestas, y en qué consiste nuestra transformación en misioneras y misioneros?
De: EEH, R., Krüger
Salmo: 73
AT: Gn 12:1-4
Epístola: Ro 6:3-11
El 5º Domingo después de Trinidad se ocupa nuevamente de la congregación, esta vez su respuesta se dirige al llamado de Dios. El seguimiento parece tan simple, tan difícil, tan absurdo, porque no sabemos bien qué es el seguimiento. Las lecturas para este Domingo nos quieren guiar en esta temática.
En el 5º Domingo después de Trinidad queremos reflexionar precisamente en por qué seguimos a Jesús y comprobamos que no hay para ello motivos racionales. La fe es precisamente eso, lo que nos une a Jesús, aún cuando los demás quieran ver argumentos “racionales” o se burlen y se rían. Eso es lo que nos agrada conservar, pues también de nuestro Señor se burlaron y de él se rieron.
Himno Nº 67 CA “Canción del testigo” Descargue en cancionero
“Jesús quiere seguidores no simpatizantes”
Peter Hahne





“La palabra de reconciliación”
(10 días antes de Pentecostés)
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