La peor contaminación
No pasa una semana sin que diarios, radios y TV hablen de contaminación: “De día en día nuestro planeta viene a ser más inhospitalario. ¿Por qué? Porque lenta pero continuamente los seres humanos lo envenenan y causan catástrofes.”
3 de diciembre de 1984, Bhopal, India: 2850 muertos a causa de un escape de gas tóxico.
Primero de noviembre de 1986. Incendio en la fábrica Sandoz, Basilea; ocasiona el derrame de toneladas de pesticidas en el río Rin.
26 de abril de 1987. Chernobyl: la explosión del reactor de una central nuclear provoca numerosas muertes y una nube radiactiva que inquieta a toda Europa.
También se piensa en todos los desechos industriales que contaminan las aguas y en los gases que matan poco a poco. Nuestro mundo está muy enfermo. ¡El hombre es responsable de ello!
Sin embargo, la contaminación atómica, química o bacteriológica, que sólo afecta ala creación material, no es la más grave.
La peor es moral, directa consecuencia del pecado.
Mancha el alma y el cuerpo.
Cada pecado, incluso el más pequeño, causó la muerte del Hijo de Dios en la cruz.
Todos estamos contaminados por el pecado, pero Dios ve lavados, justificados y purificados a todos los que confían en la obra de Jesucristo.




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