Anteúltimo Domingo en el año eclesiástico
“El Juicio Final”
»Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria, con todos sus ángeles, se sentará en su trono glorioso.32 Todas las naciones se reunirán delante de él, y él separará a unos de otros, como separa el pastor las ovejas de las cabras.33 Pondrá las ovejas a su *derecha, y las cabras a su izquierda.
34 »Entonces dirá el Rey a los que estén a su derecha: “Vengan ustedes, a quienes mi Padre ha bendecido; reciban su herencia, el reino preparado para ustedes desde la creación del mundo.35 Porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; fui forastero, y me dieron alojamiento;36 necesité ropa, y me vistieron; estuve enfermo, y me atendieron; estuve en la cárcel, y me visitaron.” 37 Y le contestarán los justos: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te alimentamos, o sediento y te dimos de beber?38 ¿Cuándo te vimos como forastero y te dimos alojamiento, o necesitado de ropa y te vestimos?39 ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y te visitamos?” 40 El Rey les responderá: “Les aseguro que todo lo que hicieron por uno de mis hermanos, aun por el más pequeño, lo hicieron por mí.”
41 »Luego dirá a los que estén a su izquierda: “Apártense de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles.42 Porque tuve hambre, y ustedes no me dieron nada de comer; tuve sed, y no me dieron nada de beber;43 fui forastero, y no me dieron alojamiento; necesité ropa, y no me vistieron; estuve enfermo y en la cárcel, y no me atendieron.” 44 Ellos también le contestarán: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, o como forastero, o necesitado de ropa, o enfermo, o en la cárcel, y no te ayudamos?” 45 Él les responderá: “Les aseguro que todo lo que no hicieron por el más pequeño de mis hermanos, tampoco lo hicieron por mí.”
46 »Aquéllos irán al castigo eterno, y los justos a la vida eterna. (NIV)
Mateo 25:31-46 (Predicación)
Con nuestro obrar aún como cristianos corremos riesgos; pues no sabemos si nuestro obrar es correcto o no. Nos podremos esforzar, pero al final quedará velado, qué consecuencias tendrá lo que hicimos. Sólo una cosa es clara a partir de este texto: vemos la misericordia de Dios, cuando sabemos lo que él espera de nosotros y por cierto que no cuentan sólo nuestros méritos, sino en primer lugar nuestra entrega a él, en fe, confianza y obediencia a su Palabra como condición sine qua non para la salvación.
Salmo: 50: 1.4-6.14-15.23
A.T.: Jer 8:4-7
Epístola: Ro 8:18-25
El Anteúltimo Domingo en el año eclesiástico, toca el tema del Juicio Final, así como se anuncia varias veces en el Nuevo Testamento. Mucha gente cae en el peligro de ver la llegada del Juicio Final a partir de las señales de estos tiempos: en estragos, catástrofes naturales, guerras, etc. Así se convierten en observadores, si bien debieran de ser los mismos afectados de todo ello. Nuestra fe nos enseña que, Dios es misericordioso y benigno y que perdona a aquellos que se acercan a él en confianza. Es por ello que, es bueno ver y esperar el Juicio Final como un acontecimiento positivo y no como algo que traerá dolor y destrucción.
En el Anteúltimo Domingo del Año de la Iglesia escucharemos la narración del Juicio Final y así recordaremos que, ninguno de nosotros podrá escapar de éste. Pero sí sabemos que, lo traspasaremos por medio del Amor de Dios que, él nos ha demostrado en su Hijo Jesucristo. Este amor queremos también seguir transmitiendo en nuestra vida a los demás.
Himno Nº 218 CC “Tu sangre oh Cristo” –
“En el día del juicio final no se nos preguntará, sobre lo que hemos leído sino sobre lo que hemos hecho; no se nos preguntará si hemos hablado lindo, sino si hemos vivido en piedad”.
Tomás de Kempis




Tomás de Kempis O.S.A. (Kempen, al noroeste de Colonia, Alemania en 1380 -Zwolle, al noreste de Amsterdam el 30 de agosto de 1471) fue un monje cristiano renacentista del siglo XV y el autor de la Imitación de Cristo, uno de los más conocidos libros de devoción cristiana redactado a propósito de la formación de los monjes, pero que ha sido valorado por otros seguidores de Cristo por fuera del monaquismo. Si bien su autoría fue ampliamente contestada por autores posteriores, en la actualidad se tiene como histórica su atribución. La Iglesia Católica en especial venera su nombre como “beato” y otros grandes personajes de la espiritualidad cristiana le han dado significativa importancia como Teresita de Lisieux, Bossuet, Voltaire, Juan Bosco y Juan XXIII, entre otros.
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